El Conejo y el Perro
 
La Cruz.
El Tren Equivocado.
¿Como arreglar al Mundo?
No juzgues apresuradamente.
La Supertienda.
Todas tus lagrimas y toda tu sangre.
El poder del sacrificio.
El Equipo del Señor.
El Valor de la unidad.
La Golondrina
Gúliver y Los Liliputenses.
Ojos Magicos.
Otro ha Fallecido.
Papi, prestame cinco dolares.
Tres Jovenes.
¿Que diran de mi?
“El secreto de las águilas”
Lo que Yo podria hacer.
“El Aguila”
La isla de los sentimientos.
Una Caja de Besos.
La Televicion.
Clavos de Coraje.
El Conejo y el Perro
La historia del Burro
El Barbero
EL COFRE DE VIDRIO ROTO
El Fabricante de Lápices...
EL TURISTA Y EL SABIO
El Elefante Encadenado
Quitate la Capa
¿Quien Gana la Carrera?
El Profesor que reto a sus estudiantes.
Granos de Cafe.
El Conejo y el Perro

Un señor le compró un conejo a sus hijos. Los hijos del vecino, le pidieron una
mascota al padre. El hombre compró un cachorro de pastor alemán.

El vecino exclamó:

- Pero él se comerá a mi conejo!

- De ninguna manera, mi pastor es cachorro.

Crecerán juntos, serán amigos. Yo entiendo mucho de animales. No habrá
problemas. Y, parece que el dueño del perro tenía razón. Juntos crecieron y
amigos se hicieron. Era normal ver al conejo en el patio del perro y al revés.
Los niños, felices observaban cómo ambos vivían en armonía.

Un viernes el dueño del conejo fue a pasar un fin de semana en la playa con su
familia. El domingo, a la tardecita, el dueño del perro y su familia tomaban
una merienda, cuando entra el pastor alemán a la cocina. Traía al conejo entre
los dientes, sucio de sangre y tierra... muerto. Casi mataron al perro de tanto
agredirlo.

Decía el hombre:
- El vecino tenía razón, ¿y ahora?

La primera reacción fue pegarle al perro, echar el animal como castigo. En unas
horas los vecinos iban a llegar. - ¿Qué hacemos? Todos se miraban. El perro,
llorando afuera, lamía sus heridas.

- ¿Pensaron en los niños y en su dolor?

No se sabe exactamente de quien fue la idea, pero dijeron:

- Vamos a bañar al conejo, dejarlo bien limpio, después lo secamos con el
secador y lo ponemos en su casita en el patio. Como el conejo no estaba en muy
mal estado, así lo hicieron. Hasta perfume le pusieron al animalito. Quedó
bonito, "parecía vivo", decían las niños.

Y allá lo pusieron, con las piernitas cruzadas, como si estuviese durmiendo.
Luego al llegar los vecinos se sintieron los gritos de los niños. ¡Lo
descubrieron! No pasaron ni cinco minutos que el dueño del conejo vino a tocar
a la puerta. Blanco, asustado.

Parecía que había visto un fantasma.
- ¿Qué pasó? ¿Qué cara es esa?
- El conejo... el conejo...
-¿El conejo qué? ¿Qué tiene el conejo?
- ¡Murió!
- ¿Murió?
- ¡Murió el viernes!
- ¿El viernes?
- ¡Fue, antes de que viajáramos, los niños lo enterraron en el fondo del patio!


La historia termina aquí. Lo que ocurrió después no importa. Ni nadie lo sabe.
El gran personaje de esta historia es el perro. Imagínense al pobrecito, desde
el viernes, buscando en vano por su amigo de la infancia.

Después de mucho olfatear, descubrió el cuerpo enterrado. ¿Qué hace él?
Probablemente con el corazón partido, desentierra al amigo y va a mostrárselo a
sus dueños, imaginando poder resucitarlo.
El hombre tiene la tendencia a juzgar anticipadamente los acontecimientos sin
verificar lo que ocurrió realmente.

¿Cuántas veces sacamos conclusiones equivocadas de las situaciones y nos
creemos dueños de la verdad?