La Cruz.
El Tren Equivocado.
¿Como arreglar al Mundo?
No juzgues apresuradamente.
La Supertienda.
Todas tus lagrimas y toda tu sangre.
El poder del sacrificio.
El Equipo del Señor.
El Valor de la unidad.
La Golondrina
Gúliver y Los Liliputenses.
Ojos Magicos.
Otro ha Fallecido.
Papi, prestame cinco dolares.
Tres Jovenes.
¿Que diran de mi?
“El secreto de las águilas”
Lo que Yo podria hacer.
“El Aguila”
La isla de los sentimientos.
Una Caja de Besos.
La Televicion.
Clavos de Coraje.
El Conejo y el Perro
La historia del Burro
El Barbero
EL COFRE DE VIDRIO ROTO
El Fabricante de Lápices...
EL TURISTA Y EL SABIO
El Elefante Encadenado
Quitate la Capa
¿Quien Gana la Carrera?
El Profesor que reto a sus estudiantes.
Granos de Cafe.
El Valor de la unidad.

Hace falta unir nuestros talentos, energías y recursos individuales y congregacionales para cumplir exitosamente nuestra misión principal: SALVAR LAS ALMAS. Si lo hacemos, grande será nuestro gozo al ser testigos de la rápida consolidación y el fuerte desarrollo de la iglesia.
Había dos islas hermanas en la cuenca del Caribe: Fuafuí y Fuifua, ambas dedicadas al comercio de la pesca. Sucede que Fuafuí era la isla más próspera de las dos y conocida mundialmente por su excelente pescado, tanto en calidad como en volumen de producto. Fuifua también se dedicaba a la pesca, pero su industria estaba casi en bancarrota. Observemos qué pasaba.
Al llegar la temporada cuando el atún pasaba por sus costas, cien barcos pesqueros de Fuafuí salieron a la mar en busca una mancha de atún debido a que todos ellos se habían puesto de acuerdo en una sola estrategia. Todos trabajaron según dicha estrategia, cooperando y ayudándose mutuamente. El resultado era que todos los barcos siempre llegaron al muelle llenos de atún.
Pero no fue así con los pescadores de Fuifua donde no había una sola estrategia, sino que cada pescador cogió por su lado. Llegaron muy pocos barcos a la orilla con pescado y cuando ya había pasado la temporada del atún, había muy poco producto para vender.
Había un tiempo cuando todos los pescadores de Fuifua cooperaban, pero sucedió que los capitanes y los demás marineros comenzaron a tirarse los unos a los otros, a romper las redes y cada uno a dañar el equipo del otro. Hasta intentaron hundirse los unos a los otros. Ahora en la isla de Fuifua, es "sálvase quién pueda".
Me parece que nuestras congregaciones son como los barcos pesqueros, pero, a veces, no estoy seguro en cuál de las islas es que vivimos, si somos de Fuafuí o de Fuifua. No nos conviene tirarnos los unos a los otros y hacernos enemigos, denigrándonos y difamándonos entre sí. Hundir a otra congregación tampoco es una buena estrategia para las almas, sino concentrar nuestros recursos y energías, trabajando todos unidos de buena gana, y cumpliremos nuestra misión principal. Podemos salvar a muchos (inclusive a nosotros mismos) y lograr consolidar y unificar a todos los cristianos sinceros en todas las congregaciones de Dios.